La primera vez que abrí una caja de queso azul, sentí que algo se había muerto en mi refrigerador. Cerré la tapa de golpe. La abrí de nuevo. Lo olí con cautela, como quien husmea un secreto prohibido. Y ahí estaba: un aroma denso, punzante, vagamente a pies sudados y a sótano húmedo… pero también …